Ser hijo siempre es un difícil oficio. Y más si tu padre se llama Ernest Hemingway y a ti te gusta vestirte de mujer en los ratos libres y frecuentar así los bares de vaqueros de Montana. Es lo que hacía Gregory Hemingway, el más pequeño de los tres retoños, todos varones, del gran escritor paradigma de héroe muy macho.
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