Los datos del turismo en España siguen ofreciendo luces y sombras. El número de turistas extranjeros va a seguir creciendo pero la tendencia para el verano tiende al estancamiento respecto a las cifras del año pasado. De todos modos, no es ese el dato que debería preocupar más al sector. Los hoteleros ya preveían no poder mantener las buenas cifras de 2011 una vez que ha pasado el efecto de la primavera árabe sobre muchos destinos tradicionales del norte de África, así que poder aumentar las cifras aunque no sea un aumento significativo ya supone un buen incentivo. El elemento determinante está en el comportamiento de los mercados tradicionales. Los alemanes son los únicos que mantienen el crecimiento mientras que los británicos, uno de los mercados más fuertes, especialmente en la Costa del Sol, llevan reduciendo su presencia desde abril. Italianos y franceses tampoco ofrecen buenas perspectivas. “Los turistas de mercados emergentes son la clave para el sector”, observa el empresario y presidente de Reservasgays.com, Javier Checa.
Es necesario que las campañas turísticas comiencen a prestar más atención a estos nuevos mercados. Las economías occidentales están en crisis, pero muchos países asiáticos y latinoamericanos están creciendo y pueden ofrecer un tipo de turista distinto al habitual. Atraer a este tipo de viajeros requerirá un esfuerzo especial para generar una oferta atractiva, pero será este tipo de turistas el que supondrá una diferencia en las próximas campañas. Desde el Gobierno ya se ha empezado a detectar esta necesidad, pero es necesario un esfuerzo global, en el que se generen auténticas alianzas.
España tendrá que empezar a venderse como un destino conjunto, que ofrece múltiples posibilidades para el visitante. El tirón de los cruceros demuestra que un viaje con varias escalas puede tener éxito si viene acompañado de más actividades y de un plan atractivo para el viajero. España tiene que jugar sus bazas de manera conjunta, pero sin olvidar que la especialización y los valores añadidos serán la clave. Así, un viaje cultural a Madrid o a Barcelona debe complementarse con la gastronomía y un viaje de playa puede ser más atractivo si incluye un evento cultural o un plan de práctica deportiva. De lo que se trata es de conocer los gustos de los viajeros y ofrecer paquetes flexibles, que puedan combinar con facilidad las distintas opciones del destino.